
miércoles, 19 de diciembre de 2012
sábado, 15 de diciembre de 2012
Cuento inédito de Hans Christian Andersen
Un investigador halló un cuento inédito del escritor danés Hans Christian
Andersen.
La historia, que fue hallada en el fondo de una caja en una vivienda cerca
del lugar de nacimiento del autor, trata de una vela que no encuentra su
lugar en el mundo hasta que descubre su belleza interior cuando conoce a unacaja de cerillas que la ilumina.
Los expertos creen que Andersen escribió la historia cuando estaba todavía
en el colegio en la década de 1820.
Se cree que el guión es una copia del manuscrito original.
Hans Christian Andersen escribió cientos de cuentos infantiles, entre ellos
'El Patito Feo' y la 'Sirenita', que han sido traducidos a más de cien
idiomas.
El diario danés Politiken publicó una versión en inglés del cuento recién
encontrado.
Andersen.
La historia, que fue hallada en el fondo de una caja en una vivienda cerca
del lugar de nacimiento del autor, trata de una vela que no encuentra su
lugar en el mundo hasta que descubre su belleza interior cuando conoce a unacaja de cerillas que la ilumina.
Los expertos creen que Andersen escribió la historia cuando estaba todavía
en el colegio en la década de 1820.
Se cree que el guión es una copia del manuscrito original.
Hans Christian Andersen escribió cientos de cuentos infantiles, entre ellos
'El Patito Feo' y la 'Sirenita', que han sido traducidos a más de cien
idiomas.
El diario danés Politiken publicó una versión en inglés del cuento recién
encontrado.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Estas son las palabras del chino Mo Yan al recibir el Premio Nobel de Literatura 2012:
“Soy un cuentacuentos.
Me han dado el Premio Nobel por mis cuentos.
Después de haber sido premiado han ocurrido muchas anécdotas maravillosas que serán parte de mis próximos cuentos y que me hacen creer en la existencia de la justicia y la verdad.
En el futuro seguiré contando cuentos.”
domingo, 2 de diciembre de 2012
jueves, 22 de noviembre de 2012
22 de noviembre "Día Internacional de la música"

En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.
Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
20 de noviembre Día internacional del cuento

martes, 20 de noviembre de 2012
Decálogo de una familia comprometida con la lectura

"Decálogo para una familia comprometida con la lectura" por Mariano Coronas Cabrero
2. Es aquella que da
ejemplo leyendo libros, revistas, periódicos y permite que sus hijos e hijas
los sorprendan frecuentemente con uno de ellos en las manos.
3. Es aquella que cuenta
cuentos a sus hijos e hijas, les recita rimas y poesías, se las lee en voz alta
y llena sus oídos de musicalidad y de magia.
4. Es aquella que
acompaña a sus hijos e hijas a visitar exposiciones, que asiste a funciones de
títeres o teatro y a otros espectáculos culturales para ir afinando la
sensibilidad y la imaginación de sus pequeños.
5. Es aquella que
comparte y comenta las lecturas de sus hijos e hijas.
6. Es aquella que
acompaña a sus hijos e hijas a los lugares donde están los libros (librerías y
bibliotecas) para mirar y seleccionar juntos.
7. Es aquella que
fomenta y cuida la biblioteca familiar o personal y destina en su casa un
espacio adecuado para ello.
8. Es aquella que
aprecia y lee, con sus hijos e hijas, las publicaciones que se hacen en el
colegio.
9. Es aquella que
comprende que la compra de un libro no es algo excepcional, aunque en las
fechas señaladas, cumpleaños, reyes, día del libro, etc..., no debe faltar,
sino que lo considera parte de los gastos de educación de sus hijos e hijas.
10. Es aquella que se
ocupa de ver algunos programas de televisión, películas de vídeo, etc. con sus
hijos e hijas y que, juntos, comentan y comparten la experiencia.
domingo, 18 de noviembre de 2012
viernes, 16 de noviembre de 2012
Una ciudad, un libro: lectura colectiva
!!Qué buena propuesta!!


Una ciudad, un
libro: lectura colectiva
Dosdoce - España - 5/11/2012 |
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jueves, 15 de noviembre de 2012
Contando en "Las mariposas de Villa París"
sábado, 10 de noviembre de 2012
viernes, 9 de noviembre de 2012
"Tarta de manzanas" de Giuseppe Spataro
La señora Elenor Johnson hacía la mejor tarta de manzana del mundo.
Nadie en Wicotta, inclusive sus más cercanos familiares, conocía la receta de aquel delicioso postre. Y es que la abuela Jonson se encerraba en la cocina, bajaba as persianas, y no permitía la entrada ni siquiera a sus propias hijas y nietas hasta que hubiera terminado de cocinarlo.
No por nada llevaba veinte años ganando el concurso anual de tartas de manzana, que era el acontecimiento más importante de aquel diminuto pueblo, donde tres años atrás, la señora Smith, una archirival cansada de obtener el segundo premio, se rompió una pierna al intentar espiar, a través de la ventana de la cocina, los procedimientos secretos de la abuela Jonson. Y fue a partir de entonces que la abuela tomó todas las precauciones necesarias.
Al pasar de los años, aquella tarta fue ampliando su fama, expandiéndose por el condado y hasta alcanzar renombre en cada rincón del estado. Incluso, en una ocasión cuando el gobernador se dignó, por cuestiones electorales, a asistir al concurso anual de Wicotta, éste la felicitó durante una entrevista de televisión, asegurando que la tarta de manzana de la señora Jonson simbolizaba todos los buenos principios y valores de los republicanos.
Cuando el representante de la Wendie Lee Apple Corporation, una transnacional con miles de hectáreas en plantíos de manzana alrededor del mundo, se puso en contacto con la célebre abuela para ofrecerle quince mil dólares por la receta, ella sencillamente lo mandó por un tubo.
Días después volvió a llamar el ejecutivo, y sin negociación alguna, aumentó la cifra a veinticinco mil. Para entonces, todo el pueblo estaba enterado de la situación, mientras que los hijos, nietos y otros familiares de la abuela se exacerbaban tratando de convencerla. La cosa llegó a tal punto que un domingo se la llevaron de paseo por el campo, al tiempo que otros volteaban la cocina en busca de algún recetario que incluyera la cotizada receta. No encontraron nada.
Sin embargo, la Wendie Lee Apple Corporation siguió insistiendo; sus ventas globales de manzanas y jugos, que ascendían a cientos de millones, se verían beneficiadas al incluir en su línea de productos una buena tarta de manzana Siendo que al presidente de la compañía le había encantado la tarta de la señora Jonson, cuando estuvo, no por casualidad, entre los jueces del último concurso, la orden fue clara, consigan la receta cueste lo que cueste.
Cuando la oferta llegó a cincuenta mil dólares, los familiares de la señora Jonson la tomaron de rehén en la sala y amenazaron con meterla a un asilo si ésta no aceptaba la espectacular propuesta. Está bien les dijo, pero se van a arrepentir. Tomó el teléfono y llamó al ejecutivo, quien le aseguró estaría en Wicotta al día siguiente.
Dicho y hecho, el señor Williams, un hombre alto y delgado, con unos minúsculos ojos azules escondidos detrás de unos amplios lentes rectangulares, llegó por la mañana para cerrar el trato.
Hubo que llamar al tío Ben, único abogado del pueblo, para que revisara el extenso contrato. Lo leyó unas tres veces, mientras los demás, salvo la abuela que lucía tranquila, aguardaban impacientes.
-Según entiendo –dijo el tío Ben, dirigiéndose al señor Williams, -una vez firmado no hay forma de echarse para atrás.
-Es correcto –confirmó Williams sin vacilar.
-¿Trae usted el dinero?
Williams abrió su portafolio y saco un reluciente cheque a nombre de Elenor Jonson, el cual circuló de mano en mano, ante las miradas incrédulas y entusiastas de los casi veinte familiares presentes, hasta llegar a la abuela, quien lo miró con una sutil sonrisa.
Mientras depositaban las firmas correspondientes, se hicieron infinidad de cálculos mentales entre los que suponían ser los eventuales beneficiarios de aquella transacción.
-Bien –exclamó Williams, después de revisar que todo estuviera en regla. Sacó una libreta y una pequeña grabadora. Ahora solo necesito que me de la receta, y si no les molesta les ruego que nos dejen a solas.
Durante una hora, los familiares estuvieron merodeando por el jardín. Iban y venían con las manos sudorosas, acudiendo innumerables veces al tío Ben para confirmar si en efecto nadie podía echarse para atrás.
De pronto, se abrió la puerta y salió un descompuesto señor Williams, y con una expresión desahuciada, contempló aquella patética banda de interesados, mientras que éstos quedaron estáticos en temerosa expectativa. Con una pose que pretendía ser digna, cruzó el jardín, y sin comentario alguno, subió y se fue.
Como una estampida de animales, presintiendo algún peligro inminente, corrieron todos al interior de la casa. Ahí seguía la abuela Jonson, sentada y abanicándose el rostro con el cheque.
-Menos mal –dijo el tío Ben –Por la cara de Williams, pensamos que algo se había podrido.
No, no. El señor Williams es un auténtico caballero de palabra.
Momentos mas tarde, por el pueblo cruzó una extensa caravana que pretendía escoltar a la abuela hasta el Wicotta Bank. Nadie sabe exactamente que tan rápido –aunque debe ser cercano a la velocidad de la luz –corren los chismes por un pueblo, pero el caso fue que el gerente del banco ya los aguardaba, parado sobre las escaleras de la entrada y con una amplia sonrisa de anfitrión.
Pero de aquel dinero, los familiares jamás vieron ni un solo centavo, ya que la abuela lo gastó integro en recurrentes cruceros de lujo que tomó durante los quince años que le quedaron de vida. Los más rencorosos aseguran que lo hacia en compañía de jóvenes apuestos, versión que nadie ha podido confirmar.
Por su parte, la Wendie Lee Apple Corporation, dueña de antas manzanas, terminó pagando un fortuna a cambio de aquella receta, cuyo único secreto, tan celosamente guardado por Elenor Jonson, era el de hacer la tarta de manzana con pera.
Nadie en Wicotta, inclusive sus más cercanos familiares, conocía la receta de aquel delicioso postre. Y es que la abuela Jonson se encerraba en la cocina, bajaba as persianas, y no permitía la entrada ni siquiera a sus propias hijas y nietas hasta que hubiera terminado de cocinarlo.
No por nada llevaba veinte años ganando el concurso anual de tartas de manzana, que era el acontecimiento más importante de aquel diminuto pueblo, donde tres años atrás, la señora Smith, una archirival cansada de obtener el segundo premio, se rompió una pierna al intentar espiar, a través de la ventana de la cocina, los procedimientos secretos de la abuela Jonson. Y fue a partir de entonces que la abuela tomó todas las precauciones necesarias.
Al pasar de los años, aquella tarta fue ampliando su fama, expandiéndose por el condado y hasta alcanzar renombre en cada rincón del estado. Incluso, en una ocasión cuando el gobernador se dignó, por cuestiones electorales, a asistir al concurso anual de Wicotta, éste la felicitó durante una entrevista de televisión, asegurando que la tarta de manzana de la señora Jonson simbolizaba todos los buenos principios y valores de los republicanos.
Cuando el representante de la Wendie Lee Apple Corporation, una transnacional con miles de hectáreas en plantíos de manzana alrededor del mundo, se puso en contacto con la célebre abuela para ofrecerle quince mil dólares por la receta, ella sencillamente lo mandó por un tubo.
Días después volvió a llamar el ejecutivo, y sin negociación alguna, aumentó la cifra a veinticinco mil. Para entonces, todo el pueblo estaba enterado de la situación, mientras que los hijos, nietos y otros familiares de la abuela se exacerbaban tratando de convencerla. La cosa llegó a tal punto que un domingo se la llevaron de paseo por el campo, al tiempo que otros volteaban la cocina en busca de algún recetario que incluyera la cotizada receta. No encontraron nada.
Sin embargo, la Wendie Lee Apple Corporation siguió insistiendo; sus ventas globales de manzanas y jugos, que ascendían a cientos de millones, se verían beneficiadas al incluir en su línea de productos una buena tarta de manzana Siendo que al presidente de la compañía le había encantado la tarta de la señora Jonson, cuando estuvo, no por casualidad, entre los jueces del último concurso, la orden fue clara, consigan la receta cueste lo que cueste.
Cuando la oferta llegó a cincuenta mil dólares, los familiares de la señora Jonson la tomaron de rehén en la sala y amenazaron con meterla a un asilo si ésta no aceptaba la espectacular propuesta. Está bien les dijo, pero se van a arrepentir. Tomó el teléfono y llamó al ejecutivo, quien le aseguró estaría en Wicotta al día siguiente.
Dicho y hecho, el señor Williams, un hombre alto y delgado, con unos minúsculos ojos azules escondidos detrás de unos amplios lentes rectangulares, llegó por la mañana para cerrar el trato.
Hubo que llamar al tío Ben, único abogado del pueblo, para que revisara el extenso contrato. Lo leyó unas tres veces, mientras los demás, salvo la abuela que lucía tranquila, aguardaban impacientes.
-Según entiendo –dijo el tío Ben, dirigiéndose al señor Williams, -una vez firmado no hay forma de echarse para atrás.
-Es correcto –confirmó Williams sin vacilar.
-¿Trae usted el dinero?
Williams abrió su portafolio y saco un reluciente cheque a nombre de Elenor Jonson, el cual circuló de mano en mano, ante las miradas incrédulas y entusiastas de los casi veinte familiares presentes, hasta llegar a la abuela, quien lo miró con una sutil sonrisa.
Mientras depositaban las firmas correspondientes, se hicieron infinidad de cálculos mentales entre los que suponían ser los eventuales beneficiarios de aquella transacción.
-Bien –exclamó Williams, después de revisar que todo estuviera en regla. Sacó una libreta y una pequeña grabadora. Ahora solo necesito que me de la receta, y si no les molesta les ruego que nos dejen a solas.
Durante una hora, los familiares estuvieron merodeando por el jardín. Iban y venían con las manos sudorosas, acudiendo innumerables veces al tío Ben para confirmar si en efecto nadie podía echarse para atrás.
De pronto, se abrió la puerta y salió un descompuesto señor Williams, y con una expresión desahuciada, contempló aquella patética banda de interesados, mientras que éstos quedaron estáticos en temerosa expectativa. Con una pose que pretendía ser digna, cruzó el jardín, y sin comentario alguno, subió y se fue.
Como una estampida de animales, presintiendo algún peligro inminente, corrieron todos al interior de la casa. Ahí seguía la abuela Jonson, sentada y abanicándose el rostro con el cheque.
-Menos mal –dijo el tío Ben –Por la cara de Williams, pensamos que algo se había podrido.
No, no. El señor Williams es un auténtico caballero de palabra.
Momentos mas tarde, por el pueblo cruzó una extensa caravana que pretendía escoltar a la abuela hasta el Wicotta Bank. Nadie sabe exactamente que tan rápido –aunque debe ser cercano a la velocidad de la luz –corren los chismes por un pueblo, pero el caso fue que el gerente del banco ya los aguardaba, parado sobre las escaleras de la entrada y con una amplia sonrisa de anfitrión.
Pero de aquel dinero, los familiares jamás vieron ni un solo centavo, ya que la abuela lo gastó integro en recurrentes cruceros de lujo que tomó durante los quince años que le quedaron de vida. Los más rencorosos aseguran que lo hacia en compañía de jóvenes apuestos, versión que nadie ha podido confirmar.
Por su parte, la Wendie Lee Apple Corporation, dueña de antas manzanas, terminó pagando un fortuna a cambio de aquella receta, cuyo único secreto, tan celosamente guardado por Elenor Jonson, era el de hacer la tarta de manzana con pera.
martes, 30 de octubre de 2012
Abracadabra de Silvia Schujer

ABRACADABRA
Planté una birome
creció una palabra
floreció la tarde
¡Abracadabra!
La regué con agua
de mí regadera
desbordaba tinta
como enredadera.
Fue un día de otoño
que se deshojó
un abracadabra
de este corazón.
Y empecé de nuevo
con la lapicera
a escarbar la tierra
de mi primavera.
creció una palabra
floreció la tarde
¡Abracadabra!
La regué con agua
de mí regadera
desbordaba tinta
como enredadera.
Fue un día de otoño
que se deshojó
un abracadabra
de este corazón.
Y empecé de nuevo
con la lapicera
a escarbar la tierra
de mi primavera.
SILVIA SCHUJER
lunes, 22 de octubre de 2012
viernes, 12 de octubre de 2012
Contando en el Jardín "Trampolín"
domingo, 7 de octubre de 2012
Canciones para mirar
Quiero cuentos,
historietas y novelas,
pero no las que andan
a botón.
Yo las quiero
de la mano de una abuela
que me los lea
en camisón.
Osías, Canciones para mirar,
María Elena Walsh
historietas y novelas,
pero no las que andan
a botón.
Yo las quiero
de la mano de una abuela
que me los lea
en camisón.
Osías, Canciones para mirar,
María Elena Walsh
lunes, 1 de octubre de 2012
martes, 18 de septiembre de 2012
Aniversario de León Felipe
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar,
va cargado de amargura,
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar.
Va cargado de amargura,
que allá «quedó su ventura»
en la playa de Barcino, frente al mar.
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.
¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
en horas de desaliento así te miro pasar!
¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar!
Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo,
y llévame a ser contigo
pastor.
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar...
jueves, 13 de septiembre de 2012
"Presentación en setiembre"
Bazar de Cuentos se presentó con Lili Kus, Marta Lamare, Mónica Rocca y Lidia Steren y como narradora invitada Marta Elisa Sacchi
miércoles, 12 de septiembre de 2012
martes, 11 de septiembre de 2012
domingo, 9 de septiembre de 2012
"El principito"

“ EL PRINCIPITO ”
ANTOINE DE SAINT-EXUPERY
...
FRAGMENTO
ENTONCES apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa "domesticar"?
ENTONCES apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa "domesticar"?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear lazos... "
¿Crear lazos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear lazos... "
¿Crear lazos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor... domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
-¿Qué debo hacer? -preguntó el principito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
El principito volvió al día siguiente.
-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejempló, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te
domestique...
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zorro- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...
-Yo soy responsable de mi rosa... -repitió el principito a fin de recordarlo.
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zorro- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...
-Yo soy responsable de mi rosa... -repitió el principito a fin de recordarlo.
sábado, 8 de septiembre de 2012
¿Por qué los cuentos?
"Si quieres un adulto con un pensamiento creativo, de pequeño cuéntale cuentos, si lo quieres además sabio, cuéntale más cuentos”.
Albert Einstein

Ilustración: Valeria Cis
http://www.valeriacis.com/om/
viernes, 7 de septiembre de 2012
domingo, 2 de septiembre de 2012
martes, 14 de agosto de 2012
lunes, 6 de agosto de 2012
Presentación en Avellaneda
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