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lunes, 15 de septiembre de 2014

100 años de Bioy

Margarita o el poder de la farmacopea

Adolfo Bioy Casares

No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión:

-A vos todo te sale bien.

El muchacho vivía en casa, con su mujer y cuatro niños, el mayor de once años, la menor, Margarita, de dos. Porque las palabras aquellas traslucían resentimiento, quedé preocupado. De vez en cuando conversaba del asunto con mi nuera. Le decía:

-No me negarás que en todo triunfo hay algo repelente.

-El triunfo es el resultado natural de un trabajo bien hecho -contestaba.

-Siempre lleva mezclada alguna vanidad, alguna vulgaridad.

-No el triunfo -me interrumpía- sino el deseo de triunfar. Condenar el triunfo me parece un exceso de romanticismo, conveniente sin duda para los chambones.

A pesar de su inteligencia, mi nuera no lograba convencerme. En busca de culpas examiné retrospectivamente mi vida, que ha transcurrido entre libros de química y en un laboratorio de productos farmacéuticos. Mis triunfos, si los hubo, son quizá auténticos, pero no espectaculares. En lo que podría llamarse mi carrera de honores, he llegado a jefe de laboratorio. Tengo casa propia y un buen pasar. Es verdad que algunas fórmulas mías originaron bálsamos, pomadas y tinturas que exhiben los anaqueles de todas las farmacias de nuestro vasto país y que según afirman por ahí alivian a no pocos enfermos. Yo me he permitido dudar, porque la relación entre el específico y la enfermedad me parece bastante misteriosa. Sin embargo, cuando entreví la fórmula de mi tónico Hierro Plus, tuve la ansiedad y la certeza del triunfo y empecé a botaratear jactanciosamente, a decir que en farmacopea y en medicina, óiganme bien, como lo atestiguan las páginas de "Caras y Caretas", la gente consumía infinidad de tónicos y reconstituyentes, hasta que un día llegaron las vitaminas y barrieron con ellos, como si fueran embelecos. El resultado está a la vista. Se desacreditaron las vitaminas, lo que era inevitable, y en vano recurre el mundo hoy a la farmacia para mitigar su debilidad y su cansancio.

Cuesta creerlo, pero mi nuera se preocupaba por la inapetencia de su hija menor. En efecto, la pobre Margarita, de pelo dorado y ojos azules, lánguida, pálida, juiciosa, parecía una estampa del siglo XIX, la típica niña que según una tradición o superstición está destinada a reunirse muy temprano con los ángeles.

Mi nunca negada habilidad de cocinero de remedios, acuciada por el ansia de ver restablecida a la nieta, funcionó rápidamente e inventé el tónico ya mencionado. Su eficacia es prodigiosa. Cuatro cucharadas diarias bastaron para transformar, en pocas semanas, a Margarita, que ahora reboza de buen color, ha crecido, se ha ensanchado y manifiesta una voracidad satisfactoria, casi diría inquietante. Con determinación y firmeza busca la comida y, si alguien se la niega, arremete con enojo. Hoy por la mañana, a la hora del desayuno, en el comedor de diario, me esperaba un espectáculo que no olvidaré así nomás. En el centro de la mesa estaba sentada la niña, con una medialuna en cada mano. Creí notar en sus mejillas de muñeca rubia una coloración demasiado roja. Estaba embadurnada de dulce y de sangre. Los restos de la familia reposaban unos contra otros con las cabezas juntas, en un rincón del cuarto. Mi hijo, todavía con vida, encontró fuerzas para pronunciar sus últimas palabras.

-Margarita no tiene la culpa.

Las dijo en ese tono de reproche que habitualmente empleaba conmigo.

sábado, 13 de septiembre de 2014

13 de setiembre "Día del bibliotecario"


DÍA DEL BIBLIOTECARIO/A EN LA REPÚBLICA ARGENTINA
“Nuestro trabajo no es llevar un barco a un lugar lejano, en el que nunca nadie estuvo antes, sino ayudar al capitán de esa nave a elegir el mar por el que navegar, a encontrar los mejores vientos y elegir las velas más fuertes; a evitar las corrientes peligrosas y las traicioneras tormentas…. Llevamos a los barcos perdidos a la seguridad de su hogar. Indicamos a los pesqueros el lugar donde encontrarán el mayor banco de peces…
Al llegar a puerto el capitán raramente recuerda quién le enseñó cómo llegar, como tampoco el investigador suele acordarse del bibliotecario que le puso en el buen camino. Es el sino de nuestra profesión y el de muchas otras, no lo vamos a cambiar…
Pero lo importante es que los capitanes lleguen a puerto, los pescadores pesquen y los investigadores acaben sus investigaciones mientras nosotros ya estamos ayudando al siguiente a elegir la mejor ruta.”
Fragmento que abre la obra “La sabiduría del bibliotecario”, de Michel Melot (Vitoria-Gasteiz: Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 2005)
✿◕ ‿ ◕✿
Visto y leído en el blog Biblioteca y lectura: “La responsabilidad social del bibliotecario”
http://biblioelperdido.blogspot.com/
 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

11 de setiembre "Día del Maestro"

Los cuentacuentos

NARRADORES ORALES... CUENTACUENTOS
"Dios, en el octavo día y después de haber creado casi todo, reunió a toda la intelectualidad del reino y declaró: "A los narradores orales otórgueseles la imaginación, la inteligencia, la memoria y la facilidad de la palabra para que la difundan por el universo..."
Pintores, escultores y el resto de los artistas refunfuñaron y reclamaron al Señor:
¡¡¡A chinga... ¿Y por qué todo a ellos!!!?" Autor: Gerardo Barajas.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

!Feliz cumpleaños Maestro!


Isadora

Descalza, desnuda, apenas envuelta en la bandera argentina, Isadora Duncan baila el himno nacional.
Una noche comete esa osadía, en un café de estudiantes de Buenos Aires y a la mañana siguiente todo el mundo lo sabe: el empresario rompe el contrato, las buenas familias devuelven sus entradas al Teatro Colón y la prensa exige la expulsión inmediata de esta pecadora norteamericana que ha venido a la Argentina a mancillar los símbolos patrios.
Isadora no entiende nada. Ningún francés protestó cuando ella bailó la Marsellesa con un chal rojo por todo vestido. Si se puede bailar una emoción, si se puede bailar una idea, ¿por qué no se puede bailar un himno?
La libertad ofende. Mujer de ojos brillantes, Isadora es enemiga declarada de la escuela tradicional, el matrimonio, la danza clásica, y de todo lo que enjaule al viento. Ella baila porque bailando goza, y baila lo que quiere, cuando quiere y como quiere, y las orquestas callan ante la música que nace de su cuerpo.

de Memoria del Fuego III