sábado, 26 de marzo de 2011

Un cuento de Santiago Varela "Don Vicente el zapatero"


Don Vicente el zapatero
por Santiago Varela
El debut y otros
cuentos

(Tomado del sitio Cuentos y mas)



Don Vicente el zapatero de mi barrio, era todo un filósofo.
Escucharlo hablar sentado en su
pequeño taburete, rodeado de cueros, pegamentos y tinturas era un placer.
Dominaba perfectamente a los antiguos, sentía profundamente la duda cartesiana,
admiraba la vitalidad de Voltaire, desentrañaba los oscuros vericuetos de
Hegel, palpitaba con la fuerza de Unamuno, se angustiaba con Sartre, comulgaba
con Levi Strauss, leía atentamente a Lacán, pero, eso sí, no hacía una media
suela bien ni por puta.



domingo, 20 de marzo de 2011

21 de marzo "Día de la poesía"






Creo en Pablo Picasso, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra;

creo en Charly Chaplin, hijo de las violetas y de los ratones,

que fue crucificado, muerto y sepultado por el tiempo,

pero que cada día resucita en el corazón de los hombres,

creo en el amor y en el arte como vías hacia el disfrute de la vida perdurable,

creo en el amolador que vive de fabricar estrellas de oro con su rueda
maravillosa,

creo en la cualidad aérea del ser humano,

configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose

como una purísima paloma herida bajo el cielo del mediterráneo;

creo en las monedas de chocolate que atesoro secretamente

debajo de la almohada de mi niñez;

creo en la fábula de Orfeo, creo en el sortilegio de la música,

yo que en las horas de mi angustia vi al conjuro de la Pavana de Fauré,

salir liberada y radiante de la dulce Eurídice del infierno de mi alma,

creo en Rainer María Rilke, héroe de la lucha del hombre por la belleza,

que sacrificó su vida por el acto de cortar una rosa para una mujer,

creo en las flores que brotaron del cadáver adolescente de Ofelia,

creo en el llanto silencioso de Aquiles frente al mar;

creo en un barco esbelto y distantísimo

que salió hace un siglo al encuentro de la aurora;

su capitán Lord Byron, al cinto la espada de los arcángeles,

junto a sus sienes un resplandor de estrellas,

creo en el perro de Ulises,

en el gato risueño de Alicia en el país de las maravillas,

en el loro de Robinson Crusoe,

creo en los ratoncitos que tiraron del coche de la Cenicienta,

en Beralfiro el caballo de Rolando,

y en las abejas que laboran en su colmena dentro del corazón de Martín
Tinajero,

creo en la amistad como el invento más bello del hombre,

creo en los poderes creadores del pueblo,

creo en la poesía y en fin,

creo en mí mismo, puesto que sé que alguien me ama.

20 de marzo "Día de la narración oral"



El 20 de Marzo de 1989 se inauguró en
Camagüey, Cuba,

ciudad natal de Francisco Garzón Céspedes,

el Primer Festival Nacional de Narración
Oral Escénica,

fundado y dirigido por este escritor,

y como consecuencia de que, desde
1975,

había comenzado su cruzada para renovar el
antiguo arte de contar,

crear una narración oral artística
contemporánea

y crear la narración oral escénica -y, con
los años,

crear la narración oral escénica insólito
modular-

por lo que la Cátedra Iberoamericana
Itinerante

de Narración Oral Escénica
(CIINOE)

instituyó el 20 de Marzo como
Día Internacional de la Narración Oral
       

y lo celebró en 1993 por primera vez desde
México D. F.


Todo el trabajo de Garzón Céspedes y de la
Cátedra


ha estado siempre relacionado con la
oralidad toda.  
       !!Gracias por acercármelo Claudia!!

viernes, 4 de marzo de 2011

Volvió el micrófono abierto de Aoniken

En Carnaval vuelve
"Aoniken cuenta para adultos"
Tema: Un cuento a elección....
Para narrar y escuchar
 El sábado 5 de marzo, a las 17.30 hs
En la Cámara de Comercio de Banfield
Alsina 622, esq. Maipú
(1 cuadra de la estación Banfield)
Entrada libre y gratuita

lunes, 21 de febrero de 2011

Cuento hiperbreve de Francisco Garzón Céspedes

GOTAS
Tomado del sitio siesamorqueseadecine

Hace mucho, mucho, mucho tiempo, un hombre y una mujer se amaron por primera vez. ¿Qué es un hombre? Un hombre es una gota de agua. ¿Qué es una mujer? Una mujer es una gota de agua. Pero un hombre y una mujer juntos no son dos gotas de agua, son el comienzo de un océano

Texto de Almudena Grandes - publicado en el País.com

"Un grano de trigo" de Almudena Grandes 07/06/2009
Tomado del sitio Banco de textos




Los libros recién hechos huelen bien, a primavera. La primavera huele a libros nuevos, esa fragancia inefable para la que no existen adjetivos ni sinónimos posibles, el olor que desprenden las flamantes cubiertas plastificadas, la intacta tirantez de los lomos adolescentes, tersos aún, sin una arruga. Los libros viejos, esos que posan sobre la piel una pátina tenaz, amarillenta, huelen igual de bien, pero su aroma es diferente. Los libros leídos huelen a vidas ajenas, misteriosas vidas de desconocidos, hombres de piel áspera, mujeres de uñas pintadas que los sostuvieron entre las manos cuando eran nuevos y olían a primavera, mientras aún desprendían el perfume de los libros recién hechos, papel, tinta y amor. Sobre todo amor.



El amor que inspiran los libros es una pasión compleja, tan difícil de explicar como la vida, a la que nutren y de la que se alimentan. El amor que reúne a un autor y a un lector alrededor de un diseño inmejorable, ese objeto tan simple y tan perfecto, tan barato, tan versátil, tan fácil de utilizar y reutilizar tantas veces, ligero, pequeño, fácil de transportar y rigurosamente dócil a la voluntad de su dueño, porque no necesita pilas, ni enchufes, porque nunca se cuelga, ni necesita actualizaciones, porque, más allá de la educación primaria, no requiere preparación alguna, y puede usarse igual debajo de la tierra y a nueve mil pies de altura –¿cómo pueden soportar los vuelos transoceánicos las personas que no leen?–, es de esos amores que le cambian la vida a cualquiera. Por eso es justo que la primavera ame los libros, que los libros se enamoren de la primavera.


Escribir un libro es inventar una isla desierta y desear apasionadamente un naufragio. Cada libro que se publica es un punto nuevo, una mota negra, redonda y diminuta, en el inabarcable azul del conocimiento, del pensamiento humano. Cada autor lo ha creado con sus playas y sus volcanes, sus ensenadas y sus peligros, sus selvas, sus desiertos. Y ha previsto que sea habitable, ha llenado sus mares de pesca y sus bosques de caza, ha escondido entre sus rocas estratégicos manantiales de agua potable, ha fecundado a conciencia sus llanuras para sembrar frutales y cocoteros, y se ha elevado a la altura de Dios, aunque haya tardado mucho más de seis días en crear todo esto y comprobar que es bueno. Después, irremediablemente humano otra vez, se ha limitado a cruzar los dedos para desear con todas sus fuerzas que un barco se hunda cerca de sus orillas, que al menos un hombre, una mujer superviviente, se deje salvar por las olas para recobrar la consciencia tumbado en la arena. A partir de ahí, todo el poder es del náufrago. De su voluntad depende que esa isla deje de estar desierta, que crezca, que se expanda, que se consolide como un continente fecundo y poderoso, o que esa mota negra, abandonada al azar de los mapas, pierda su forma, destiña su color, encoja de tamaño hasta convertirse en una sombra parda, después gris, un recuerdo borroso, frágil, polvoriento, por fin nada.



Claro que Robinson Crusoe me cambió la vida. ¿A usted no? No sabe la envidia que me da, porque eso significa que todavía podrá leerlo por primera vez. Que todavía podrá experimentar la emoción suprema de ese instante en el que Robinson sale de su cabaña, mira al suelo como todos los días, y ve en él una plantita verde, tierna, que le resulta conocida, porque es trigo, un grano de trigo que ha llegado hasta allí no se sabe bien cómo, porque él buscó afanosamente el grano que transportaba su barco sin encontrarlo jamás, y sin embargo, una sola semilla debió quedarse pegada en una tabla, en una caja, en el fondo de un saco, para desprenderse a tiempo, para caer en la tierra y recibir el agua de la lluvia, el calor del sol, hasta germinar a escondidas. ¡Oh, qué trampa sublime, oh, qué majestuoso artificio, oh, qué gloriosa osadía, oh, qué maravillosa rueda de molino, de esas que, al tragarlas, alimentan más que el pan! ¡Cuántos granos de trigo nos están esperando en todos esos libros que nos quedan por leer!



Si sale a la calle, si se deja guiar por la voluntad del sol en las mañanas lentas, perezosas, de esta primavera con prisas de verano, encontrará más de los que sea capaz de llevarse a casa en media docena de bolsas de plástico. Es posible que ahora mismo le estén llamando, que estén gritando su nombre, hasta sus apellidos, porque aunque usted no se lo crea, ya le conocen. Vaya a su encuentro, no lo dude. Mírelos, tóquelos, respírelos, sucumba a la borrachera de tinta que se desparrama desde el borde de todas las casetas de todas las ferias abiertas en casi todas las ciudades de España, y aspire su perfume. Porque los libros recién hechos huelen bien todo el año, pero cuando su olor se mezcla con el de la primavera, fabrican un aroma muy parecido al perfume de la felicidad.

La jaula de Javier Villafañe

CUENTO: "LA JAULA" DE JAVIER VILLAFAÑE La jaula Nació con cara de pájaro. Tenía ojos de pájaro, nariz de pájaro. la madre, c...