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viernes, 9 de octubre de 2015

Cuentero por Carolina Rueda


 
El término se refiere al que reúne, cuenta y «da cuenta» en los dos sentidos: acumular y responder por hechos, sucesos, eventos; reconoce las relaciones de causalidad que vinculan distintos momentos y que, gracias a estos lazos y su mirada, adquieren sentido y desarrollo; por su habilidad de presentar estas conexiones salidas de la subjetividad del observador, como hechos y lazos objetivos y universales, es una figura fascinante y temida por su entorno.

Su apelativo pasa de sustantivo a adjetivo porque es una personalidad y a la vez una condición: se es y se asume, por eso evoca, como el cuentista, al embaucador, al engañador.

Su oficio consiste en hacer visible lo invisible. Trae del mundo fantástico una serie de objetos y personajes, materiales e inmateriales, que revelan verdades espirituales. En el mundo de la cultura es una de las aves fénix, condenada eternamente a desaparecer y renacer de sus cenizas, todo lo vulnera y lo amenaza, por eso sabe resucitar. Sus recursos están tomados de la ancestral costumbre ritual de la seducción: crear el interés, la atracción, el embotamiento y tensión del público. En la tradición, su formación está a cargo de los viejos que lo entrenan en la escucha para que aprenda las leyes de la comunicación. El cuentero rara vez tiene el espíritu del héroe o el protagonista, su labor es más la del acompañante y observador que sabe hacer ver que las cosas pasan. 

Dice Paul Auster que las cosas le pasan al que puede contarlas, por otro lado, Jack London dice que las cuenta el que más rápido corrió; los maoríes, por su parte, consideran que el cuentero tiene el corazón pacífico; con estas fronteras, es decir, entre el que mira e interpreta, el cobarde y el que borda, construimos un universo de tejedor que trata de narrar, comprender y proyectar. El cuentero acompaña a los héroes, los observa y anima, es amigo del aventurero en sus vicisitudes, es necesario en la historia personal para entender el desarraigo y el fracaso y, así mismo, dar cuenta de los triunfos. De ahí su lugar de observación, ubicación y construcción de sentido

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