miércoles, 30 de agosto de 2017
domingo, 20 de agosto de 2017
Filosofía olla
Una de las tantas jodas de haber nacido en otro siglo, no es solo haber estudiado tantas cosas que ya no sirven para nada, sino, tener que aprender, de aca en mas, cada dia algo nuevo, tan solo para seguir viviendo.
El terror a las máquinas
Último día de vacaciones infantiles en Buenos Aires y Amparo quiere ir al cine.
Como buena abuela, estoy dispuesta a cualquier sacrificio, dejando en claro que va a ser muyyyyy complicado sacar entradas (no vaya a ser que el esfuerzo no se note).
Mi hija con sus teorías educativas mendiolaceñas, insiste en que los padres responsables no llevan a las criaturas el último día a ningún jolgorio porque es el momento de preparar útiles y deberes. Ajá -digo sin afán de meterme con usos y costumbres de los porteños. Tomo mi cartera y salgo a la empresa para conseguir entradas. Por supuesto, la multitud que hay supera lo concebible. Un rápido vistazo me da la pauta que, si me atengo a la cola, Ampi no se podrá volver a Mendiolaza hasta sus quince años.
Descubro entonces LA MÁQUINA. Es una expendedora de entradas electrónica donde mediante sucesivas pantallas se puede elegir la película, la hora, los asientos, el combo con pochoclo, etcétera, y si le acertaste a todas las pantallas aún queda insertar la tarjeta; algunas maniobras más y ¡bingo!, la niña entrará a ver Monster University, que tanto le gusta... a su mamá y a su abuela.
Un grupo de adolescente estaba en las mismas vacilaciones que yo, desentrañando la máquina mediante prueba y error pero, mientras ellos se reían cada vez que se equivocaban, yo transpiraba helado con una angustia inexplicable.
Y de pronto mi cabeza salta a París, a ese primer viaje y aquella primera máquina con la que me enfrenté en la vida. Domingo de mi llegada, sola, sin amigos y sin hablar una palabra que no fuera cordobés. Con todo el susto de una mina provinciana inmersa en la Ciudad Luz, decidí ir al Pompidou, el inmenso museo que quería visitar y al cual llegué, con las patitas temblando, no recuerdo cómo. Estaba allí, pero, ¿entrar? Las puertas estaban franqueadas por máquinas incomprensibles, ¿y cómo pedir ayuda sí sólo sabía decir pâté fua?
El museo está todo rodeado por una escalera ascendente que comencé a trepar esperando que en algún lugar hubiera alguien que me diera una mano. Inútil. Subí tres pisos cada vez más desalentada hasta que de pronto vislumbré adelante mío a un boliviano. Era pequeño, morochito y con rasgos inconfundibles. Parecía a punto de entrar, y no se le notaba el terror que sin duda podía verse en mí. Confiando profundamente en la solidaridad latinoamericana, me avalancé a él. Le expliqué mi situación, abrí mi billetera para que él sacara el dinero de la entrada, y terminé mi angustioso relato con un "por favor, ayudame". Esperaba que no fuera rencoroso por la Conquista de los blancos pero, si así fuere, le explicaría que los polacos no tuvimos nada que ver. Estaba preparada para todo menos... para que me contestara en inglés y en lugar de boliviano resultara ser iraní. Igual nos entendimos de maravillas, me franqueó la entrada y a la salida me invito a tomar un café.
Sobre mis posteriores andanzas parisinas con el iraní quizás vuelva en otra nota. Ahora quiero regresar al hall de entrada, al cine y a ese miedo que nunca cesa. Aquellos que no nacimos en la generación de las máquinas y hemos saltado del picaporte a los aparatos inteligentes, llevamos en la frente una marca invisible. Detrás de cada uno hay un héroe. Alguien dispuesto a seguir aunque nos cambien las reglas y los aparatos, locamente. Con un agravante: no se trata de aprender a manejar un aparato, se trata de aprender cada versión del mismo aparato que va saliendo al mercado, a la que algo le han cambiando con el sólo fin de joderte la vida y vendértelo más caro. Tampoco se trata de que una quiera tener "el último", sólo que al que tenías, lo hacen desaparecer en el acto. Quizás estén todos juntos con las bolitas o los calcetines impares, y las divas que morían aferradas a un teléfono blanco y no a un smartphones intelligent .La peli, preciosa
domingo, 6 de agosto de 2017
sábado, 29 de julio de 2017
El lenguaje
"Los primeros vínculos que se entablan con las palabras son siempre apasionados. Todos recordamos de nuestra infancia palabras amadas a veces por su sonido, pal...abras salvajes, incompresibles otras, palabras que no se dejaban atrapar, palabras antipáticas o ridículas. Las palabras estaban vivas, eran bichos sonoros que se aparecían de pronto en distintas situaciones de la vida y se teñían de lo que esas situaciones nos significaban. No había acepciones oficiales, sólo palabras mías, vinculadas a mi vida (...)
Las palabras no nacen pegadas a las cosas, son solidarias con ellas. Para mí "malvón" no podía separarse del contacto y el olor áspero de las hojas, del rojo brillante de los pétalos que me pegaba con saliva en las uñas para parecer una señora; "vereda" tenía el frío del agua que yo empujaba con el dedo por los canalcitos de las baldosas rumbo al cordón, tenía ruido a cadena y a pedal de bicicleta."
Graciela Montes,
de "Lenguaje silvestre y lenguaje oficial o de cuando las palabras se separan de las cosas",
en "El corral de la infancia"
Las palabras no nacen pegadas a las cosas, son solidarias con ellas. Para mí "malvón" no podía separarse del contacto y el olor áspero de las hojas, del rojo brillante de los pétalos que me pegaba con saliva en las uñas para parecer una señora; "vereda" tenía el frío del agua que yo empujaba con el dedo por los canalcitos de las baldosas rumbo al cordón, tenía ruido a cadena y a pedal de bicicleta."
Graciela Montes,
de "Lenguaje silvestre y lenguaje oficial o de cuando las palabras se separan de las cosas",
en "El corral de la infancia"
domingo, 23 de julio de 2017
Un viaje gracias a la palabra
UN VIAJE GRACIAS A LA PALABRA.
Seguramente a los colegas narradores les sucede algo similar, un fiesta sucede en el cuerpo mientras contamos. Algo parecido a espiar por la ventana la vida de los personajes de los cuentos para poder hablar de ellos. Un "me fui pero estoy". Cosa tan linda como extraña. Esa sensación no se va así nomás, ¡no!, dura, y eso es hermoso. Uno se queda por un rato, después de la contada, con un aleteo de mariposas en el pecho, con una energía diferen...te en las piernas (como si se cambiara el andar terrestre por el vuelo), una bella excitación en todo el cuerpo sin duda producto de ese trance que es contar una historia. Personalmente creo que la causa es el viaje que generan las palabras mientras brotan como flores de la boca y el alma del narrador oral.
Elisa Vázquez y yo llevamos adelante el ciclo HISTORIAS ROBADAS, desde el 2005 aproximadamente. En la actualidad, en La Forja, en Flores, cada cuarto sábado del mes. Y ambas sentimos lo mismo en cada "contata", un entusiasmo parecido al que sentíamos de jovencitas antes de ir a un baile, o a una fiesta. Elegimos los cuentos, la ropa, las lecturas previas, y llegamos al lugar de la cita con la emoción del comienzo. ¡Eso es fabuloso! No perder ese movimiento interior que nos hace dudar, temer, disfrutar, poner la voz y el cuerpo para soltar la historia desde lo más profundo del Ser.
La mirada y el silencio de los escuchadores merecen un comentario aparte. Sin ese convivio no habría fiesta, ni baile, ni encuentro... Gracias por hacerlo posible
Publicado en facebook
Seguramente a los colegas narradores les sucede algo similar, un fiesta sucede en el cuerpo mientras contamos. Algo parecido a espiar por la ventana la vida de los personajes de los cuentos para poder hablar de ellos. Un "me fui pero estoy". Cosa tan linda como extraña. Esa sensación no se va así nomás, ¡no!, dura, y eso es hermoso. Uno se queda por un rato, después de la contada, con un aleteo de mariposas en el pecho, con una energía diferen...te en las piernas (como si se cambiara el andar terrestre por el vuelo), una bella excitación en todo el cuerpo sin duda producto de ese trance que es contar una historia. Personalmente creo que la causa es el viaje que generan las palabras mientras brotan como flores de la boca y el alma del narrador oral.
Elisa Vázquez y yo llevamos adelante el ciclo HISTORIAS ROBADAS, desde el 2005 aproximadamente. En la actualidad, en La Forja, en Flores, cada cuarto sábado del mes. Y ambas sentimos lo mismo en cada "contata", un entusiasmo parecido al que sentíamos de jovencitas antes de ir a un baile, o a una fiesta. Elegimos los cuentos, la ropa, las lecturas previas, y llegamos al lugar de la cita con la emoción del comienzo. ¡Eso es fabuloso! No perder ese movimiento interior que nos hace dudar, temer, disfrutar, poner la voz y el cuerpo para soltar la historia desde lo más profundo del Ser.
La mirada y el silencio de los escuchadores merecen un comentario aparte. Sin ese convivio no habría fiesta, ni baile, ni encuentro... Gracias por hacerlo posible
Publicado en facebook
martes, 18 de julio de 2017
Yo cuentero
YO CUENTERO
Muchas son las disciplinas que se vienen juntando con los cuentos, pero no nos olvidemos que lo importante es el cuento. La declamación, el teatro, títeres, clown, vestuarios y objetos, música, canto e instrumentos, bienvenidos sean, siempre y cuando ayuden a mejorar y a ayudar al cuento. No hay que olvidarse que el protagonista es el cuento, no son ni el cuentero ni la actuación, ni la música, ni el canto.
El CUENTO que dice.
El CUENTO que cuenta
El CUENTO que revive historias
El CUENTO que nos hace reír, sin necesidad de groserías
El CUENTO que nos pasea por paisajes nunca pensados.
El CUENTO que retoca vivencias y estimula a salir a otros cuentos
El CUENTO que hace posibles nuestras más viejas fantasías y también las últimas
El CUENTO que retoca ternuras
El CUENTO que juega con los miedos y nos asusta a las risas.
El CUENTO que…………………………………………….
EL CUENTO QUE NOS ABRAZA, NOS TOCA Y NOS ENSEÑA A SER MEJORES PERSONAS
Por eso lo importante es el cuento, con mas o menos arte, pero que nos cuente desde todos los ángulos posibles aquello que teníamos en algún lugar y no sabíamos como hacerlo.
Ese cuento que leímos y queremos compartirlo porque algo tiene de nosotros, esa historia tan linda que no tiene ni comienzo, ni peripecia, ni final pero que linda que es.
Todo es válido, el libro, el poema, la canción, el cine, el teatro, todo cuenta, pero sin ser monólogo un cuentero cada vez que cuenta, se-cuenta, se revive, se emociona o se divierte y se comparte, se sufre y se pasea mientras va construyendo otros cuentos con sus escuchas.
Bienvenidos todos los maestros del cuento, bienvenidos todos aquellos que con sus cuentos nos transportan con imágenes que son tan efímeras como ese cuento que nos deja un sabor que tal vez nunca se vaya y que cada día necesitemos incorporar nuevos sabores por efímeros que sean
Muchas son las disciplinas que se vienen juntando con los cuentos, pero no nos olvidemos que lo importante es el cuento. La declamación, el teatro, títeres, clown, vestuarios y objetos, música, canto e instrumentos, bienvenidos sean, siempre y cuando ayuden a mejorar y a ayudar al cuento. No hay que olvidarse que el protagonista es el cuento, no son ni el cuentero ni la actuación, ni la música, ni el canto.
El CUENTO que dice.
El CUENTO que cuenta
El CUENTO que revive historias
El CUENTO que nos hace reír, sin necesidad de groserías
El CUENTO que nos pasea por paisajes nunca pensados.
El CUENTO que retoca vivencias y estimula a salir a otros cuentos
El CUENTO que hace posibles nuestras más viejas fantasías y también las últimas
El CUENTO que retoca ternuras
El CUENTO que juega con los miedos y nos asusta a las risas.
El CUENTO que…………………………………………….
EL CUENTO QUE NOS ABRAZA, NOS TOCA Y NOS ENSEÑA A SER MEJORES PERSONAS
Por eso lo importante es el cuento, con mas o menos arte, pero que nos cuente desde todos los ángulos posibles aquello que teníamos en algún lugar y no sabíamos como hacerlo.
Ese cuento que leímos y queremos compartirlo porque algo tiene de nosotros, esa historia tan linda que no tiene ni comienzo, ni peripecia, ni final pero que linda que es.
Todo es válido, el libro, el poema, la canción, el cine, el teatro, todo cuenta, pero sin ser monólogo un cuentero cada vez que cuenta, se-cuenta, se revive, se emociona o se divierte y se comparte, se sufre y se pasea mientras va construyendo otros cuentos con sus escuchas.
Bienvenidos todos los maestros del cuento, bienvenidos todos aquellos que con sus cuentos nos transportan con imágenes que son tan efímeras como ese cuento que nos deja un sabor que tal vez nunca se vaya y que cada día necesitemos incorporar nuevos sabores por efímeros que sean
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