domingo, 30 de octubre de 2011

"Mujer con alas" en la noche de los museos

Bazar de Cuentos
se presenta el 12 de noviembre - 20 horas
en La Dante Alighieri
Tucumán 1646
Ciudad Autónoma de As.As.
Entreda Libre




Aoniken te invita a crear, entre todos, la manta de los buenos deseos



"AONIKEN CUENTA PARA ADULTOS"

Tema: Un cuento a tu elección
Para narrar y escuchar

El sábado 5 de noviembre a las 17y30 hs

En la Cámara de Comercio de Banfield
Alsina N º 622 esq. Maipú
( a 1 cuadra de la estación)

Ambiente climatizado

Entrada $ 5 (con derecho a una infusión)







BAI JIA BEI. LA COLCHA DE LOS 100 DESEOS








Bai Jia Bei (la Colcha de los 100 buenos deseos) es una antigua tradición del norte de China con la que se celebra la llegada de un nuevo hijo. La colcha se realiza uniendo los retazos de tela con los que contribuyen familiares y amigos, de modo que cada pedacito representa los buenos deseos para la vida del recién nacido.



La tradición dice así:

La última emperatriz de la dinastía Quing fue una simple concubina hasta el día que tuvo la suerte de dar a luz al único hijo varón del emperador. Durante un tiempo se vió forzada a dejar solo a su hijo y concibió un plan para protegerle de las viejas esposas del emperador y obligar a las poderosas familias manchúes a cesar en su empeño de reclamar el trono. A cada uno de los jefes de los cien clanes más poderosos del Imperio le pidió una bobina de la mejor seda. Encargó a los costureros del palacio que cortaran estas piezas en pedacitos más pequeños para con estos trozos hacer un traje para su hijo. Así, simbólicamente, pertenecería a cada una de estas cien nobles y poderosas familias. Bajo su protección, los dioses no osarían a hacerle daño.



Los 100 trozos, cosidos juntos, se convierte en una colcha que tiene la suerte, energía y los buenos deseos de todas las personas que han contribuido a su confección. Según la tradición la manta pasara de generación en generación.

miércoles, 26 de octubre de 2011

"Dolor" de Alfonsina Storni

En un nuevo aniversario de su muerte

Quisiera esta tarde divina de octubre
Pasear por la orilla lejana del mar;

Oue la arena de oro, y las aguas verdes,
Y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
Como una romana, para concordar

Con las grandes olas, y las rocas muertas
Y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
Y la boca muda, dejarme llevar;

Ver cómo se rompen las olas azules
Contra los granitos y no parpadear

Ver cómo las aves rapaces se comen
Los peces pequeños y no despertar;

Pensar que pudieran las frágiles barcas
Hundirse en las aguas y no suspirar;

Ver que se adelanta, la garganta al aire,
El hombre más bello; no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
Perderla, y que nunca la vuelva a encontrar;

Y, figura erguida, entre cielo y playa,
Sentirme el olvido perenne del mar.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Nueva presentación

Bazar de Cuentos
 presenta
Secretos compartidos
en Quindici Paysandù
 Rivadavia 5799
sàbado 29 de octubre 18 hs.
entrada libre



domingo, 16 de octubre de 2011

Feliz Día de las madres

Poema Maternidad de José Pedroni



(Fragmento)
Mujer: en un silencio que me sabrá a ternura,
durante nueve lunas crecerá tu cintura;
y en el mes de la siega tendrás color de espiga,
vestirás simplemente y andarás con fatiga.
-El hueco de tu almohada tendrá un olor a nido,
y a vino derramado nuestro mantel tendido-,
Si mi mano te toca,
tu voz, con vergüenza, se romperá en tu boca
lo mismo que una copa.
El cielo de tus ojos será un cielo nublado.
Tu cuerpo todo entero, como un vaso rajado
que pierde un agua limpia. Tu mirada un rocío.
Tu sonrisa la sombra de un pájaro en el río…
Y un día, un dulce día, quizá un día de fiesta
para el hombre de pala y la mujer de cesta;
el día que las madres y la recién casadas
vienen por los caminos a las mismas cantadas;
el día que la moza luce su cara fresca,
y el cargador no carga, y el pescador no pesca…
-tal vez el sol deslumbre; quizá la luna grata
tenga catorce noches y espolvoree plata
sobre la paz del monte; tal vez el villaje
llueva calladamente; quizá yo esté de viaje…-
Un día un dulce día con manso sufrimiento,
te romperás cargada como una rama al viento,
y será el regocijo
de besarte las manos, y de hallar en el hijo
tu misma frente simple, tu boca, tu mirada,
y un poco de mis ojos, un poco, casi nada…

viernes, 14 de octubre de 2011

Almudena Grandes premiada

La escritora española Almudena Grandes ha obtenido el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska por su novela Inés y la alegría, convirtiéndose en la primera extranjera en ganar el galardón, que fue instituido en 2007 como homenaje a la escritora mexicana y está dotado con un premio en metálico de 500.000 pesos (27.000 euros).

La obra de Almudena Grandes ha competido con más de cuarenta libros procedentes de ocho países iberoamericanos y de Estados Unidos. El jurado del Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, que entrega cada año el gobierno del Distrito Federal, ha estado formado en esta edición por la poetisa y crítica uruguaya Ida Vitale y los mexicanos Mónica Lavín y Jorge Hernández. El galardón será entregado hoy por el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, en la inauguración de la XI edición de la Feria del Libro de Ciudad de México, que se celebrará hasta el próximo día 23 en el Zócalo de la capital y tendrá a la II República Española y al exilio como protagonistas.

miércoles, 12 de octubre de 2011

La tienda de palabras

 
Un adverbio se le ocurre a cualquiera
por Juan José Millás
Hemingway cobraba los artículos por palabras. A tanto el término, lo mismo daba que fueran adjetivos que sustantivos, preposiciones
que adverbios, conjunciones que artículos. No recuerdo de dónde saqué esa información, hace mil años (cuando ni siquiera sabía quién era Hemingway), pero me impresionó vivamente. En mi barrio había una tienda de ultramarinos, una mercería, una droguería, una panadería, una lechería… Pero no había ninguna tienda de palabras. ¿Por qué, tratándose de un negocio tan lucrativo, como demostraba el tal Hemingway? Para vender leche o pan, pensaba yo, era preciso depender de otros proveedores a los que lógicamente había que pagar, mientras que las palabras estaban al alcance de todos, en la calle o en el diccionario.
Imaginé entonces que ponía una tienda de palabras a la que la gente del barrio se acercaba después de comprar el pan. Sólo que yo las vendía a precios diferentes. Las más caras eran los sustantivos, porque sustantivo, suponía yo, venía de sustancia. Si la sustancia de una frase dependía de esta parte de la oración, lo lógico era que valiera más. Después del sustantivo venía el verbo y, tras el verbo, el adjetivo. A partir de ahí, los precios estaban tirados. Cuando un cliente, en mis fantasías, compraba tres sustantivos, le regalaba cuatro o cinco conjunciones, para fidelizarlo. Mi padre, que era agente comercial, utilizaba mucho el verbo fidelizar. ¿De dónde, si no, iba a sacar yo esa rareza gramatical? En mi tienda imaginaria había también un apartado de palabras inexistentes, para gente caprichosa o loca. Aún recuerdo algunas: copribato, rebogila, orgáfono, piscoteba, aguhueco, escopeja…
El negocio imaginario iba bien. Todo el mundo necesitaba mis palabras. Al poco de inaugurar la tienda tuve que contratar dos empleados porque no daba abasto. Luego compré el piso de arriba para ampliar el negocio, pues llegó un momento en el que la gente me pedía también frases. Puse en el sótano un taller con cuatro gramáticos que se pasaban el día construyendo oraciones. Las había de muchos precios, claro. Las frases hechas eran las más baratas. Recuerdo, entre las que tuvieron más éxito, en boca cerrada no entran moscas y no rascar bola, pero a mí me gustaban mucho también leerle a alguien la cartilla, ser un hueso duro de roer, chupar cámara, pelillos a la mar, o mi sastre es rico. El precio de las frases aumentaba a medida que resultaban menos comunes, o más raras. Por alguna razón que no llegué a entender, había mucha demanda de frases absurdas. Me duelen los zapatos, por ejemplo, los espejos fabrican harina orgánica, o las cremalleras son menos sentimentales que los botones. Con el tiempo tuve que crear un departamento dedicado de manera exclusiva a la construcción de frases absurdas.
La idea de la tienda de palabras y frases me resultó muy liberadora, pues siempre pensé que ganarse la vida era condenadamente difícil. El mayor miedo de mi infancia era el de acabar en una esquina, vendiendo pañuelos de papel. Un día que mi madre, tras suspirar con expresión de lástima, se preguntó en voz alta qué iba a ser de mí, le dije que no se preocupara, pues había decidido que iba a poner una tienda de palabras. Tras meditar unos instantes, me dijo que eso era un disparate y que debía poner mis energías en cuestiones prácticas. Ahí acabó mi sueño de vender palabras. Luego, de mayor, comprobé que los anuncios por palabras constituían un capítulo muy importante en la cuenta de resultados de los periódicos. Pero no le dije nada a mamá, para que no se sintiera culpable.
De todos modos, acabé viviendo de las palabras. No tengo una tienda abierta al público, tal como soñaba entonces, pero me levanto por las mañanas, las ordeno en un papel, las envío al periódico o a la editorial y me pagan por ellas. A tanto la pieza. Una pieza es un artículo. El término pieza se utiliza también entre los cazadores para denominar a los animales abatidos. La semejanza es correcta, pues escribir un texto se parece mucho a cazarlo. De hecho, con frecuencia se nos escapa. La otra noche, en la cama, con los ojos cerrados, pasó volando por mi bóveda craneal un artículo estupendo. Me levanté, cogí un cuaderno que tengo en la mesilla, apunté con el bolígrafo, pero la pieza había desaparecido. Desde la utilización masiva de los ordenadores, contamos los artículos por palabras. Éste que están ustedes leyendo tendrá unas 4.700. Puedo calcular a cuánto me sale la palabra y decir que cobro en plan Hemingway. Pero me sigue pareciendo mal que me paguen lo mismo por un sustantivo que por un adverbio. Un adverbio se le ocurre a cualquiera.

La jaula de Javier Villafañe

CUENTO: "LA JAULA" DE JAVIER VILLAFAÑE La jaula Nació con cara de pájaro. Tenía ojos de pájaro, nariz de pájaro. la madre, c...