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martes, 13 de marzo de 2018

Para que no me olvides (fragmento)

TU HERENCIA

 Mi abuela al morir no me dejó dinero. El dinero como tal, nunca le gustó a mi abuela, temiendo que desarticulara o dispersara más que cerrara círculos de felicidad. Mi abuela al morir, entonces, me dejó un pedazo de tierra. Ella me enseñó de chica a amar los cerros y el color de los limones cuando se echaba el sol. A esa hora me hablaba de García Lorca y me contaba del amor de Federico por los dorados de la tarde. Y al enseñarme de la hermosura del valle, me habló de la perpetuidad de la tierra. Entonces oí de sus labios por primera vez la palabra pertenencia. Me contó de la primera Blanca, la que muchos años atrás corrió por los mismos prados y dejó su memoria en ellos. Fue entonces también que me habló de las raíces, de cómo el dinero y las raíces se encuentran raramente entre sí, que lo primero disloca, lo segundo sujeta. Me dijo mi abuela que la tierra prolongaba y que ella siempre serenaría mi alma. Nombró la trascendencia y yo intuí la relación mística entre la tierra y ella. De todos los terrenos que dividió eligió el más hermoso para mi. Nadie se enteró de esto, pues ella no lo avisó en vida. Al leer el testamento, yo supe por qué ese era el mio. Sólo desde allí los cerros encerraban por los cuatro costados. Y esos muros de árboles y piedra, lejos de ahogar, me protegían. No fue inocente la elección de mi abuela. Ella sabía por qué yo necesitaba de esa protección. Elegí las maderas más sencillas y me hice una casa. Con mis propias manos planté el níspero, los dos aromos y el jacarandá que la circundan. Recuerdo sus palabras: identidad, pertenencia, perpetuidad. Mi propia impronta.

 Marcela Serrano - Para que no me olvides

domingo, 16 de julio de 2017

Mi abuela me enseñó

Mi abuela me enseñó a leer.
Mi abuela me enseñó los libros y me traspasó su amor hacia ellos. No tuve elección, fue su herencia. Mi abuela me dijo que con los libros yo nunca estaría sola.
Me enseñó a cuidar de mis ojos adueñándome de ellos como el lugar más preciado, el más nítido. Me explicó que si alguna vez fallasen los oídos, no sería tan grave, poco me perdería, todo lo que valía escuchar se había escrito y lo rescataría con mis ojos. Me dijo que si alguna vez fallase l...a voz, no sería el fin. Recibiría el sonido exterior sin devolverlo y nadie lo echaría en falta, menos yo. Estaban las palabras para ser ejecutadas: por mis oídos las que ya estaban concebidas, por mis manos las que quisiera inventar. Al final, sin mencionar siquiera otras carencias como el olfato o el gusto, mi abuela me dijo que ignorara la sordera y la mudez si llegasen a acometerme, que la única falta total era la ceguera.
Que cuidara mis ojos. Sólo con ellos podría leer. Sólo ellos me salvarían de la soledad.

Marcela Serrano

La jaula de Javier Villafañe

CUENTO: "LA JAULA" DE JAVIER VILLAFAÑE La jaula Nació con cara de pájaro. Tenía ojos de pájaro, nariz de pájaro. la madre, c...